Al Partir el PanPrint Article

19 de febrero de 2012 - 7o Domingo de Tiempo Ordinario

El Gran Amén de Dios

Lecturas
Isaías 43,18-19. 21-22. 24-25
Salmo 41,2-5,13-14
2 Corintios 1,18-22
Marcos 2,1-12


En el evangelio de este domingo se muestra claramente lo que había sido sólo implícito en las lecturas de las semanas anteriores: Jesús manifiesta el perdón de los pecados de su pueblo mediante la sanación de los enfermos y la expulsión de los demonios.
El pueblo de Israel no quiso servir a Dios, no invocó su nombre, como dice el profeta en la primera lectura. A pesar de esto, Dios prometió no recordar sus pecados.
En la Escritura, la palabra pecado está frecuentemente asociada con enfermedad (Sal 103,39). El salmo predice lo que cuenta el evangelio: el hombre que yace en su cama es perdonado, sanado y puede ponerse de pie ante el Señor para siempre.
Los escribas saben que solamente Dios puede perdonar los pecados. Por esto acusan a Jesús de blasfemo. Parece que quiere igualarse a Dios. Irónicamente el evangelio gira sobre este reconocimiento. Esta escena es la primera en los evangelios en que Jesús exalta la fe de una persona que lo busca (Mt 9,2; Lc 5,20).
Con los ojos de fe, el paralítico y sus amigos ven lo que los escribas no pueden: que Jesús es Dios. Se revela como el “Hijo del Hombre”, haciendo alusión a la misteriosa figura celestial a quien el profeta Daniel vio recibir el reinado de toda la tierra (Dn 7,13-14).
La respuesta de Jesús a los escribas hace eco las palabras que Dios dijo al Faraón cuando mandó las plagas a Egipto: “…a fin de que sepas que yo soy el Señor” (Ex 8,18; 9,14).
El amén que pronunciamos constantemente cuando rezamos significa: “así sea”. Por ello, como dice San Pablo en la epístola de este domingo, Jesús es el Amén de Dios. En Jesús, Dios ha dicho Amén, cumpliendo todas las promesas que hizo a través de los siglos de la historia de la salvación.
Nosotros somos el nuevo Pueblo formado para anunciar sus alabanzas. A cada uno de nosotros Jesús le llama, como al paralítico, su “hijo” (2 Co 6,18).
Pero cabe preguntarnos: ¿Compartimos la fe de este hombre? ¿Hasta qué punto llegaríamos para encontrarnos con Jesús? ¿Qué tan dispuestos estamos al sacrificio, con tal de que nuestros amigos también escuchen la palabra que salva?

Mons. José Gomez
Narrado por: Mons. José Gomez, Arzobispo de Los Angeles
Presidente: Scott Hahn, Ph.D.
Editor: David Scott
Traductores: Msgr. Richard Antall y Andrés Jiménez
 
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